Hemos tomado el palacio de otoño
por sorpresa y al asalto con risa
-¡Revolución de las flores!- y brisa
fresca de los pulmones de un retoño.
Hemos visto nacer bajo el madroño
a nuestro hijo de jazmín y sonrisa
la cigüeña abandonó la cornisa
hecha de versos hermosos y ñoños.
Y entonces una nariz que buscaba
el aroma de la fuente materna
una boca pronunciando el silencio
y unas manos que ahora mismo evidencio
que sostienen mi mundo, nuestra eterna
sensatez: el amor nos aguardaba.
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