28 julio 2016

Noches de julio

Para Manuel Villena.

Son lentas las agujas en su tránsito
circular y desafiante es el tiempo
que se atranca en el azul del termómetro,
a la desidia me abrazo y te llamo.
Quizás tu voz o el banco de ese parque
donde hicimos aquellas fotos sean
las ecuaciones de este mes de julio.
Una cerveza juntos, seamos pájaros
en la noche cantando a las farolas,
me gusta hablar contigo, describirte
la risa que todavía no escucho,
saber de viajes, de aventuras tenues,
del amor que descansa en tus canciones,
el nombre de esa mujer y una cama
donde practicas un nuevo lenguaje
corporal alejado del silencio.
Te has vuelto a enamorar, pienso, y digo
esta ciudad es como nuestra infancia
la recordamos con cariño pero
somos conscientes que nunca será
otra vez nuestra. Sonríes y dices
cierto, necesitaba otro horizonte.
Se va clavando la noche en los ojos
del tráfico lejano de autopista
y nombramos las postales llegadas
desde la Calle de la ruina de este
país de amigos borrachos de aviones.
Pregunto ¿cómo es?, ¿la infancia?, bromeas,
me río, fumas, y hablas de sus piernas
cruzadas sobre la hierba sentados
ante el mundo que escapa de los besos,
parecíamos dos adolescentes
patriotas del deseo, y se enciende
al hablar el recuerdo en tu mirada.
Queda medio verano y ya te echo de menos.

Cuando despierto el calor sigue siendo
mi más fiel enemigo, añorando
la noche encuentro en el reloj bastantes
razones para volver a llamarte.

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