Hoy le arden los ojos a esta calle
tan poco acostumbrada a los excesos
propios del calor
y tan habituada a sentir piel
como arrecifes de horarios y credos.
Hoy manejan el rumbo caderas
gráciles y orgullosas del elástico
textil del deseo...
suben las temperaturas y aves
migratorias hacia un cielo metálico
embadurnan lentamente los vicios
de otra soledad.
Hoy clamará el amor al postor
que por los años y la mala suerte
nunca se arriesgó
a decir un nombre o arrancarse
de cuajo el pétalo que le quedaba
para ser polen y vientos en celo.
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