al grisáceo corazón desdichado,
a las dudas, al género sin género,
al singular, al disidente pétalo,
al eco de unas palabras, tejados
sin cielo que los moje, sin reproches,
lluvia fina, adjetivos como uñas,
al tiempo y su condena: la maldad
como otra extrema razón de los días.
Tengo miedo a mi apellido, al nombre
que me define como un vulgar fallo,
al azar y a la casualidad pétrea,
al otoño en los pulmones, al vivo
destrozo mágico de los regalos,
a la buena educación, a las tablas
tan enfermas de carcoma del teatro
religioso de los rostros, al néctar
de la marchita flor de la mirada.
Tengo miedo a tenerme miedo y sigo
en la aventura de saber decir
todo lo que me asusta de mi mismo.
al tiempo y su condena: la maldad
como otra extrema razón de los días.
Tengo miedo a mi apellido, al nombre
que me define como un vulgar fallo,
al azar y a la casualidad pétrea,
al otoño en los pulmones, al vivo
destrozo mágico de los regalos,
a la buena educación, a las tablas
tan enfermas de carcoma del teatro
religioso de los rostros, al néctar
de la marchita flor de la mirada.
Tengo miedo a tenerme miedo y sigo
en la aventura de saber decir
todo lo que me asusta de mi mismo.
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