Imaginas que ahora tengo
una edad prudente pero dichosa
y te aventuras a pedirme voto
en las torpes discusiones
que mantienes con tus miedos.
Imaginas de mí sólo
la voz y las reliquias de mis ojos
-marrones casi verdes- y es madera
lo que provoca tanto humo
que oculta tras palabras las semillas
de esos árboles que no te permiten
ver el paisaje donde hubo un bosque.
Imaginas que me dices
la hora exacta de una tarde
y bien peinado aparezco sin prisa
para posar tu viento en mis mentiras.
Pero mientras tú imaginas
yo inevitablemente colecciono
cenizas de mis incendios.
Ahora con desmesura voy soplando
la llama de este fuego que te quema
e imagino que tuviera
esa edad tan prudente y tan dichosa
y me fuera a caminar por las calles
(que no me reclaman prisa)
y que sostienen en cada farola
el tintineo impreciso del sexo,
y, así, contaminarnos por las venas
de la noche para que de los parques
hagamos añoranza de otros bosques,
y de la casualidad
seamos fotografía y recuerdo.
Pero mientras yo imagino
tú descaradamente te mantienes
solemne bajo la lluvia.
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