11 enero 2011

Ocho horas de vida

Aún recuerdo tus ojeras cada mañana
aún te veo bostezar en la oficina
tapándote con tus manos de golondrina
tu boca roja, tus labios de porcelana.

Aún recuerdo aquel lumbago tuyo al hablar
tu pelo a lo garçon bajo la visera
tus ojos de otoño en plena primavera
y aquella forma tan cansada de mirar.

Recuerdo tu sonrisa, tus sandalias de verano
y toda la belleza que encerraban tus manos
cuando me agarrabas tímida y cobarde.

La verdad es que mi pecho todavía arde
cuando recuerdo tus besos de despedida
y aquellas ocho horas diarias de vida.

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