Sazona la ensalada que trajiste
para comer
y borra tu silueta de la toalla
azul
sobre la que te besé
la espalda
y acaricié
mentiras y querencias.
Sopla el polvo del galán
sobre el que ya no cuelgan
dos pantys y unas bragas
y sopla también
la sal de mis ojos
que me escuecen y me arden
al verte marchar.
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