Abrir la ventana y dejar al aire entrar
para que recorra cada rincón de esta casa
para que baile con las sábanas
para que se meta bajo la cama.
Oír la lluvia contra el cristal.
Observar,
entre suspiro y suspiro,
el desfile de calaveras
que hoy adorna esta ciudad,
y hacer recuento
del manojo de sueños
que nunca se hicieron realidad.
Y mis ojos:
son un pentagrama de recuerdos.
Mis manos:
son arcilla, cristal, cemento.
Mi vida:
tan sólo una racha de viento.
domingo 7 de agosto de 2011
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