martes 13 de marzo de 2012

Inventario de rincones

Y digo Avenida de la Albufera, el Carmen, plaza Quintana
como digo tus piernas, tus manos, tus mañanas
los domingos aguantando el sol: Tirso de Molina
la terraza junto a la M-30, los bares de la Elipa.


Y digo templo de Debot, Puerta del Sol, calle Huertas
como digo tu pubis, esa sonrisa, tus pies pisando las letras
la hierba aplastada en el Retiro, parada de taxi, fiestas de barrio
conciertos, recitales, batalla de agua junto al estadio.


Y digo Malasaña, plaza de Lavapiés, Vallekas, el bule,
 como digo tus pupilas, tus caricias, tu piel: tatuaje y nube
los conciertos en Libertad, el flamenco en calle Atocha
feria del libro, restaurante mexicano, cortos en La Boca.


Y digo Espoz y Mina, calle Segovia, las Vistillas, Cava Baja
como digo tus bostezos, tu risa, tu boca, tus huesos, tu cama.
Café Barbieri, parque del Calero: cine de verano, Teatro La Latina
Ribera de Curtidores, calle Cuchilleros, el silencio, el Guernika.


Y digo que este poema es una lista de ciertos lugares
donde encontrarme 
Como digo que es un inventario de rincones perennes
donde perderme.

sábado 31 de diciembre de 2011

Menos mal

Menos mal que aún nos queda la salud
la estupidez, el dinero, los desfiles
añoranzas, resacas, deudas y dudas
amaneceres tibios, noches sin lunas
promesas azules, cielos imposibles,
sonrisas ajenas al recibo de la luz.
Palmadas en la espalda, palabras, balas,
conversaciones guardadas en cajas
de zapatos que nunca dejaron huella
en la gente ni en los caminos de arena.


Feliz 2012.

martes 13 de diciembre de 2011

Elegía a Enrique Morente

De luto viste la luz del alba
grito de rabia, llora Granada,
el Albaicín llora, lloran los cármenes,
que huérfanos quedan
de Enrique y sus cantes.

Tan payo pero tan gitano,
cantabas en oro todos los palos,
flamenco tu vida, flamenca tu sangre,
tu voz rasgaba el aire
                                y las almas
tú no te mueres... te quedas cantando.

Llora Granada, se derrumba la Alhambra.
Llora Granada, se derrumba mi alma.

Te vas Enrique, te acaricia la tierra,
y el mundo que gira, con rumbo de ciego,
y el cielo que tiembla
cuando canta tu Estrella.

miércoles 19 de octubre de 2011

Tanto secreto que es renacimiento (Recital de Poesía)


Viernes 21 de octubre
10.00 pm - 11.00 pm

Bukowski Club
San Vicente Ferrer, 25 ( Tribunal)  .- Madrid

Tanto secreto que es renacimiento:
Recital de Poesía de Sesi García y Víctor Sierra.

miércoles 12 de octubre de 2011

Desamor y Arquímedes

Llueve en Madrid. Llueve como en una despedida. Llueve como el día que ella se fue; de eso hace ya un mes.
Son ya treinta días que vivo en una soledad absoluta. No tengo ganas de comer, ni de dormir, ni de salir a la calle, ni de hacer café cada mañana de este otoño en pleno marzo.
Suele pasar en estos casos, de desamor y de rupturas, que la rutina te salva del dolor y de los malos pensamientos; pero mi trabajo de becario en un laboratorio no está ayudando a que la olvide. En cada tubo de ensayo, en cada probeta, en cada placa de Petri veo su sonrisa. En cada estante del armario, entre botes con ácidos y libros de bioquímica, veo su mirada. En cada papel de Tornasol que uso veo el color de los rizos de su melena. Creo que me estoy volviendo loco. Día a día, minuto a minuto, me sumerjo en una depresión de la que difícilmente voy a salir.
Sigue lloviendo y el autobús no llega a la parada. Un chico suspira a mi lado; me suena su cara de verle por los pasillos del edificio, pero no estoy seguro: cuando uno se acostumbra a ver a la gente con bata blanca es difícil reconocerla vestidos de calle. Está leyendo un libro titulado: “Grandes biografías de la ciencia: Arquímedes”. Parece absorto, ajeno al cansancio de un día de trabajo, ajeno a la lluvia, ajeno al mundo. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo, ojalá pudiera leer y olvidarme de ella. Pero no puedo.
El autobús ya llega a la parada. Mientras el resto de la gente que estaba esperando va subiendo, dejo reposar mi mirada triste y vaga sobre las coronas de agua en el cristal de la ventana. Veo unos ojos. Tan tristes y vagos como los míos. Hay algo en esa mujer que me llama la atención, algo que me hace mirarla sin pestañear. Ella sonríe. Yo también sonrío, y al hacerlo me doy cuenta de que tengo la mente en blanco, de que sólo pienso en subir al autobús. Miro el libro del muchacho que está junto a mi en la cola “Grandes biografías de la ciencia: Arquímedes”, y pienso en el famoso teorema de Arquímedes: “Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desalojado”. La chica del autobús vuelve a sonreír. Yo estaba hundido, pero ahora vuelvo a salir a flote. Me subo al autobús: bajaré en la misma parada que baje ella.