13 septiembre 2016

Crueldad de poeta

A Luis Eduardo Aute.

Sigues dormido vencido
por el intenso cansancio
del viajero que una vez
-más- rebasó la frontera
que separa la razón
del azar de un sentimiento.

Sigues dormido al amparo
de una tormenta de nieve
sin boca bebiendo bajo
una palmera de lluvia
conectando pulsaciones
a un intento de sonrisa
y sufriendo impertinencias.

Sigues dormido y declaras
que hay un sol con una luz
de un tamaño intermitente
alimentando la sed
de un silencio incontrolado.

Sigues dormido y estableces
que tras tus labios cerrados
conviven -en guerra y paz-
el fuego de tus recuerdos
y la necedad de nuestros
más irreductibles sueños.

Sigues dormido y nos dices,
sin saberlo, que en tus párpados
-que antes fueron de cristal-
se esconden delirios, lienzos,
bocetos, miedos y un grito,
y que en tus manos dispuestas
nace y muere un animal
de mil cabezas y un solo
                                      corazón.

Sigues dormido queriendo
decidir cuál puede ser
el instante del momento
preciso del tiempo exacto
en el que lento se clave
el puñal de tu pupila
en los devaneos que
te rodean sin pudor.

Sigues dormido soñando
con una respiración
hecha de puntos y comas
que olvide en tu biografía
a la tormenta de nieve
a la palmera de lluvia
y a la luz intermitente
de un sol que no tiene un cielo
ansioso y agradecido.

30 agosto 2016

Canción de septiembre

Vuelvo a la ciudad de los relojes
y de los espejos que soñaron ser retratos,
y nada más bajar del tren
encuentro vacío el nido
de los recuerdos que separa
el cielo de los tejados.
Con una maleta repleta de vivencias sucias
busco un taxi libre y un suspiro
que poder arrebatarle a este mes de septiembre.

La casa guarda la penumbra y el olor
que desprende el silencio consumido.
En el buzón encuentro facturas,
ofertas pasadas y un papel arrugado
con la firma del vecino que paga
su frustración de regresos con mi tiempo.
Abro las persianas y maldigo los balcones
que vuelven a colgar el cartel que dice:
"se alquila por quincenas".
Fumo sentado en la cocina y ordeno
la agenda y la nieve de mis brazos.
Quisiera volver a ese lugar donde
las carreteras son exceso y sonrisa.

En el armario cuelgo la ropa y busco
el sudario que en junio usaba para vencer
al despertador y a los salarios.
Mañana iré al mercado y compraré
huevos, embutido, carne y leche
para poder vivir
               otro año más
muerto de hambre.

13 agosto 2016

La luz, el viento y el destino

A Fidel Castro Ruz,
en su noventa cumpleaños.

¿Quieres ver una luz?
Yo te traigo el incendio de mil soles,
un destello de fuego, una gran bola blanca,
las palabras ardientes,
el filamento quebrado, pupilas
rasgando la oscuridad del lenguaje
y un fusil apuntando hacia la historia.
Yo te cambio la sombra
por las raíces de una luz valiente:
deja que tu futuro crezca bajo tus pies.

¿Quieres que conquistemos el destino?
Olvida entonces las cartografías.
Deja que el horizonte se mantenga
por detrás de tu espalda
conteniendo el camino recorrido.
Piensa un nombre y rellena con él los estertores
de las ideologías
y ponle un apellido
cuando huyas siempre de tu pensamiento.
Deja que sean mis manos culpables.
Déjame a mí la culpa.

¿Quieres saber del viento?
Pues nunca culpes a los huracanes
que arrancaron los tejados de casas
donde tú no has vivido.
Deja hondear miradas limpias de olivo verde
en el paisaje de la utopías
y no maldigas jamás a Fidel.