A Pedro.
Sé de este tiempo verdad y extrañeza,
los cristales rubios, las ventanas doradas,
el silencio de mis manos, mi sed de nada,
el secreto imperdible de la tristeza.
Sé para siempre la historia que empieza,
las disculpas de verdades manchadas,
la voz prudente en la casa encantada,
las preguntas carentes de certezas.
Sé para mí semilla de los sueños,
la leve respiración en la noche,
los puntos y seguido de las días.
Sé para el mundo discípulo y dueño,
no temas al abismo ni al soroche.
Detras del miedo habrá poesía.
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