A Almudena Grandes.
Estas palabras vacías y llenas,
de ti vacías, pero de amargura
llenas, me vienen a esta tarde oscura
donde intento escribir a duras penas.
Nombrarte es raro: Grandes, Almudena,
cuando pequeños y sin armadura
nos hemos visto contra la aventura
de tus huellas buscar sobre la arena.
El mar nos queda, el poniente en Rota
soplando frío, huérfanas las calles
de Madrid, libros, tu vestido rojo,
el amor, la verdad de las derrotas...
mañana la Tercera quizá estalle
y en su bandera estarán tus dos ojos.
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