25 octubre 2019

El río

caerá la tarde en su sombra de árboles
y con su frío lagrimear las horas
de algodón posarán su peso vano
en las ramas que arañan a las nubes
arrancándolas de un cielo imposible
que nace en el disparo de los párpados
y muere bajo un brillo retorcido
y dos cuerpos entregados olvidan
el reloj para hacer de los excesos
memoria recurrente del latido
y van cruzando a saltos las pieles
y juegan a mojarse con los dedos
un grito nacerá en la raíz
que atrapa al árbol más alto del mundo
que separa al paisaje del placer
de nieve se llenarán las pupilas
y una boca colmada de agua y luz
dormirá en las orillas del lenguaje
guardando en la garganta los afluentes
y dentro del paladar la verdad
que le escondía el mar y su sabor
caerá con sus alfileres la noche
y coserá la calma a los espejos
donde antes hubo hierba habrá deseo
y los dos cuerpos serán ya transcurso
inevitable rumor de las aguas
y harán del leve sonido del río
una manera de ser y vivir

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