26 enero 2019

Canción LVIII

Nunca le habían dicho
que hay que abrigarse de la soledad
de la misma manera que lo hacemos
en invierno del frío,
que los años no pasan en balde y que sorprende
muchas veces conversar con los miedos
que creíamos haber ya vencido
y llegar a conclusiones sutiles
que son ajenas a todo el asunto
de la razón, del ánimo
y del dibujo de días y rostros.

Nunca se había dejado decir
que lo peor del silencio sin nombre ni apellidos
es que en él se escucha su propia voz
que a veces las habitaciones frías
no se calientan con diez radiadores
y las sábanas limpias
huelen al más auténtico fracaso
de todos los fracasos.

Nunca se había dicho a ella misma
que en este vida hay que saber perder
que los empates huelen a derrota
y que por las mañanas el café no despierta
a nadie de los sueños que nunca se cumplieron.
Nunca se dijo nunca.

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