19 octubre 2013

Deja que venga la noche

Deja que venga la noche y hagamos
del momento paisaje infinito. No hay
más horizonte para nosotros dos
que el taxi que nos separa, la calle
que se antoja infinita, las fauces del
amanecer desdichado que no da
ni tregua ni resquicios en la duda.

Deja que venga la noche con mentiras,
con pájaros en la cabeza, con cuentos,
con cábalas, con maquillajes, con ritos.
Retales y promesas del antes de ayer.

Porque, aunque no lo creas, te sigo queriendo
cuando abren los comercios, y el olor a café
invade mi leyenda de proscrito, cuando
el trueno del mundo parte en dos este árbol de
nuestro amor. Yo te sigo queriendo, y no lo crees,
en la distancia, en la añoranza, en la baldía
tristeza de un teléfono mudo, en la pena,
en la utopía, en la desgana, en la maldita
trayectoria de cuerpos sin rumbo, en el sucio
atentado de los días. Yo te sigo queriendo. Te sigo
queriendo aunque tú dejes que hoy venga la noche.

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