29 septiembre 2013

Mi vida fue una noche

Los párpados explotaron como llantos
una madrugada del mes del frío
coloreamos de sangre las sábanas
blancas de aquel hospital.
Me vestí de existencia una noche
y así en la oscuridad quiero relatar
los lunares que me conforman la piel:
primero el hambre, la fuente materna
a las tres de la mañana
luego vinieron los húmedos
sustos que te despertaban
y mojaban el edredón y las mejillas
de amarillo y saladas lágrimas de vergüenza.
Más tarde las pesadillas, el monstruo que habitaba
debajo de la cama, dentro del armario.
Las primeras escapadas, tiendas de campaña
y las horas al raso
mirando las luciérnagas
que embadurnaban de luceros la mancha negra del cielo.
Años que cabalgaban en el caballo de palo de escoba
que barría la niñez, la adolescencia con su polvo:
la suciedad de los bares vino después.
Primeros cigarrillos, tragos amargos,
que secaban la sed del fracaso de la pubertad.
Conciertos de sirena, bombas de neón,
Un beso furtivo que daba claridad a lo oscuro
bombilla con los filamentos del primer amor.
Vagabundo de aceras, de antros y de mala suerte.
Jurarse no hacerse mayor nunca, sin saber
que todos los días son siempre.
Y así llegaron las noches de cine, de película y manta,
el conformismo como mantra, y hacer las maletas:
mudarse a una casa más amplía, con más luz, con despertador,
y darle la razón al poeta que dice
que todo es raro y difícil como vivir en el segundo
izquierda de la noche o estar enamorado.

1 comentario:

Lidia dijo...

Me ha gustado mucho este poema.


Besos, Gonzalo.