20 agosto 2013

Así claudica la calle a la explosión de colores:
hinchada cabizbaja que acude al estadio, al foro
inhumano de gritos, palmas y silencios que no
se dicen. Así la hierba crece: así volverá la
primavera ahora que se acaba el verano. Así
uno a uno gladiadores de talonario, nutrias,
víctimas del dinero, náufragos del esfuerzo que
pisan con calma el terreno de juego. Así faltan
las almas puntuales a la cita de los lunes. [...]
Rostros que quedaron en el bar, en la oficina, en la
arena de una playa. Así empieza de nuevo este
ritual de metadona, incultura pactada por los
dragones del deseo, de los sueños rotos, de los
tristes devenires, de los inciertos futuros, de
las penas con arrugas, de las lágrimas sin ojos.
Así, esos dragones, olvidan que temen que un día
la calle, ya por fin, no claudique y se enciendan esos
ánimos como se incendia la resignación, la mal
llamada generación del porvenir, las melenas
sueltas al viento, los dedos que señalan, las manos
que sujetan el mundo entre algodones. Así coger
el metro, volver a casa, cenar un bocadillo,
beber la sed, discutir con el vecino, culpar a un
juez, odiar a un jefe u olvidar tras cuarenta voces
que una vez fuiste adolescente... tan sólo es una
pantomima irresistible para el estruendo
de los días que no hay fútbol. Días fuera de juego.

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