16 mayo 2013

Recuerdo de párpados


A mi abuelo.

Recuerdo las tardes de domingo que guardaban
todo el aire de tus suspiros. Los jueves al son
de cucharas y dominó. Recuerdo los martes
de rodillas sobre la hierba, los miércoles sin
tapujos. Quizá un lunes, decías, sea recio
y despunte como amapola en campo de trigo.

Recuerdo el olor a café, la sonrisa dentro
de un vaso de agua, el rumor de un televisor que
anunciaba, sobre un mapa de España, que al día
siguiente serías más joven cuando paseando
hacia el bosque esquivaras a ese sol anunciado.
Recuerdo cada mancha que habitaba en el cristal
de la ventana, las casas que se apropiaban del
paisaje con hortalizas, columpios y perros
ladrando. Recuerdo los caminos dibujados
que se perdían: colina arriba, cielo abajo.
Recuerdo el gris aluminio que encerraba
el mundo en cuatro paredes. Y recuerdo aquella
habitación lúgubre con la vista cansada.

Recuerdo un quehacer lento, la señal de la Radio
Nacional, ya son las nueve, calla, que va a empezar
el noticiario. Recuerdo la ropa lavada, el cepillo de
dientes, los zapatos, la mesa camilla, las macetas, tomillo
y arrugas, rostros, fotografías, dos manos que
sujetaban un papel lleno con la tinta de
tierras vacías. Recuerdo la madera que en el
rincón guardaba todos los pasos que la vida
te había obligado a abandonar sobre otros suelos.
Recuerdo el silencio que se rompía en millones
de peldaños, conversaciones como escaleras:
cuatro frases, cinco letras, mil historias, casi
cien años. Recuerdo cuando empezabas a hablarme
y el sábado se cerraba en párpados. Párpados
que ahora recuerdan pero nunca más podrán mirar.

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