Aprendimos a bailar tango
a marchas forzadas
y siempre llorábamos
en la tercera estrofa.
a marchas forzadas
y siempre llorábamos
en la tercera estrofa.
Aprendimos a apagar
cerillas
y malos recuerdos
sobre el vaivén canalla
de sus caderas.
Aprendimos a ser felices,
y de tanto querer
seguir siéndolo,
nos bajamos una parada de metro más allá
... de la última estación,
y al salir a la calle no había
panaderías,
ni tiendas de regalos,
ni farmacias 24 horas,
ni besos rojos de peatón.
No había nada.
Sólo tú y sólo ella.
Solos los dos.
cerillas
y malos recuerdos
sobre el vaivén canalla
de sus caderas.
Aprendimos a ser felices,
y de tanto querer
seguir siéndolo,
nos bajamos una parada de metro más allá
... de la última estación,
y al salir a la calle no había
panaderías,
ni tiendas de regalos,
ni farmacias 24 horas,
ni besos rojos de peatón.
No había nada.
Sólo tú y sólo ella.
Solos los dos.
1 comentario:
muy bien Gonza,
me gusta el giro que le estás dando a tu poesía, la libertad y la intuición fluyen más que los versos medidos:)
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