28 marzo 2011

Aprendimos a bailar tango

Aprendimos a bailar tango
a marchas forzadas
y siempre llorábamos
en la tercera estrofa.
Aprendimos a apagar
cerillas
y malos recuerdos
sobre el vaivén canalla
de sus caderas.

Aprendimos a ser felices,
y de tanto querer
seguir siéndolo,
nos bajamos una parada de metro más allá
... de la última estación,
y al salir a la calle no había
panaderías,
ni tiendas de regalos,
ni farmacias 24 horas,
ni besos rojos de peatón.

No había nada.

Sólo tú y sólo ella.

Solos los dos.

1 comentario:

María dijo...

muy bien Gonza,
me gusta el giro que le estás dando a tu poesía, la libertad y la intuición fluyen más que los versos medidos:)