Vender flores al precio del aire
es un acto de valientes
como tapar fusiles con claveles
o tirar piedras a la
ventana del alguacil.
Correr no es de cobardes
siempre y cuando se corra
detrás de una mujer
o de un sueño.
Para ser un buen amante
sólo hay que decir la verdad
y besar con los ojos cerrados
mientras se escucha
un dulce rock'n'roll
en el fondo de una caracola
o el suave ronroneo del mar
en los altavoces de una gramola.
Penélope no esperaba a Ulises
sino a cualquier aventurero
que le acariciara el pelo
con las manos temblorosas
y que le prometiera amor eterno
en una noche de Agosto.
Las islas desiertas son habitables
por soñadores y locos de atar
que quieran dibujar en la arena
cuerpos desnudos de sirena
o quieran escribir versos
que sean borrados cada noche
por las babas marfil del mar.
Brindar por cada victoria
es tan hipócrita como llorar
por cada amor que se fué
en lugar de gastar las fuerzas
en escribir un soneto
o una bella canción
para esa chica que bosteza
cada mañana en el vagón
o a esa mujer que suspira
cada vez que vende una barra de pan.
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