01 noviembre 2010

Vender flores al precio del aire

es un acto de valientes

como tapar fusiles con claveles

o tirar piedras a la

ventana del alguacil.



Correr no es de cobardes

siempre y cuando se corra

detrás de una mujer

o de un sueño.



Para ser un buen amante

sólo hay que decir la verdad

y besar con los ojos cerrados

mientras se escucha

un dulce rock'n'roll

en el fondo de una caracola

o el suave ronroneo del mar

en los altavoces de una gramola.


Penélope no esperaba a Ulises

sino a cualquier aventurero

que le acariciara el pelo

con las manos temblorosas

y que le prometiera amor eterno
en una noche de Agosto.



Las islas desiertas son habitables

por soñadores y locos de atar

que quieran dibujar en la arena

cuerpos desnudos de sirena

o quieran escribir versos

que sean borrados cada noche

por las babas marfil del mar.




Brindar por cada victoria

es tan hipócrita como llorar

por cada amor que se fué

en lugar de gastar las fuerzas

en escribir un soneto

o una bella canción

para esa chica que bosteza

cada mañana en el vagón

o a esa mujer que suspira

cada vez que vende una barra de pan.

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