En una barraca compré
gomitas y caricias
de azúcar unas
de sus manos las otras.
Mis pies
cubiertos de arena
mis ojos
furtivos
en Conil de la Frontera.
En una calle encontré
palabras y sonrisas
de cariño unas
de su boca las otras.
Mis dedos
sabían a salitre
mis miedos
ajenos
en el óxido de un rifle.
En Cadiz te conté
estrategias y avaricias
de mercurio las unas
de tu cuerpo las otras.
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