Me lo solía encontrar bastantes veces. Normalmente él aparecía cuando más necesitaba encontrarle para cambiar algunas palabras y utopías.
Él siempre me sorprendía de la misma manera. Yo iba en el vagón absorto en la lectura de un libro, cuando alguien me tocaba me tocaba en el hombro. Según me daba la vuelta, ya notaba ese olor, mezcla de sudor y tierra mojada, que emanaba de las fotos donde yo le había visto.
Entonces él me decía: “¿Cómo le va viejo amigo?”.
Y yo, hecho un manojo de nervios, disfrutaba de la calma que me ofrecía ese rostro, tan desafiante y tan cercano.
Y charlábamos durante el trayecto. Él me hablaba sobre ese cambio, que cada vez es más urgente y más necesario. Sobre esa revolución que iba y venía, pero que siempre estaba presente. Sobre cómo los objetivos sólo se consiguen a base de lucha constante. Sobre el viaje a Ítaca.
Me solía decir que “lo importante no es llegar a Ítaca, sino seguir caminando”.
Mientras charlábamos, de reojo disfrutábamos en silencio de los sueños, de las penas, y de las alegrías de los viajeros de alrededor. Disfrutábamos de esas caras cansadas de la rutina que radiaban un brillo especial. Disfrutábamos de los primeros besos de la pareja del fondo. Disfrutábamos de la sonrisa aletargada en el vientre de la mujer de enfrente. Disfrutábamos del contacto con la gente. Disfrutábamos y charlábamos. Éramos felices sin más.
Entonces llegaba mi parada.
Y él me acompañaba hasta la salida. Y justo al llegar a los tornos, él siempre se daba la vuelta y decía: “yo me quedo aquí abajo, el mundo de ahí fuera está para los jóvenes de hoy en día. Y ahora, viejo amigo, sigue recto el camino que conmigo has emprendido…”.
Y volvía a bajar las escaleras detrás de algún otro joven.
Y volvía a bajar las escaleras detrás de algún otro joven.
Leyendo los titulares del día por encima de su hombro.
Y yo, yo me quedaba petrificado, con el corazón en un puño. Y clavando mi mirada en la finitud del túnel yo decía:
“¡Hasta siempre Ernesto! … ¡Hasta siempre comandante!”


6 comentarios:
qué lindo, al final pude leerlo y está tan bien como me imaginaba :)
Que bonito viaje y homenaje. Me ha encantado leerte. Muchas gracias por tu visita y comentario. Nos seguiremos leyendo si no te importa.
Feliz año
"Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia,
comandante Che Guevara..."
Gracias por la visita. Mi abuelo conoció a Ernesto en Uruguay a principios de los 60 y dice que su sola presencia era inspiradora, que el salón enmudecía y que a pesar de haberle visto solo aquella ves, esa presencia se vino junto a él de regreso a Chile
El Che Guevara, hijo de Argentina y Latinoamérica unida, es probablemente, el más grande de todos los tiempos.
Y tanto es que se puede escribir en verso, en prosa, en metáfora y con el mismo de personaje.
Muy bueno, y espero seguir leyendo esta serie de relatos. Te invito a que pases por mis blogs. www.cuarto-menguante.blogspot.com / www.el-colectivo-imaginario.blogspot.com (el último es de cuentos)
Abrazo desde Argentina
Gastón
Me ha encantado el
viaje que has hecho con Ernesto (el Che). Nos lo estaremos encontrando a cada momento de esta lucha?? En nuestros momentos conscientes de lucha? Me gusta creer que sí. Aunque no crea que la vida es más que éste momento por el que estamos navegando, me gusta pensar que él nos mira, y nos aprueba, y vieja con nosotros para ver qué tal lo estamos haciendo. Porque su recuerdo y su legado son más importantes que lo que diga cualquier doctrina religiosa,para mí él está ahi, en cada paso de este largo camino hacia el mundo que queremos, hacia nuestra soñada República Socialista y por ende Antifascista. Gracias Gonza por dejarme viajar contigo y con Ernesto (el Che).
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