De todas las fotografías junto al mar que guardo
recuerdo a la persona que tras la cámara
me miraba impasible, intentando contra el tiempo
dejar sobre mi mueca una fecha inexacta,
un lugar, y así luego un cajón y un álbum, y unos nombres
que pronunciar tras los años con los ojos.
De todos los mares que miré en silencio
miento al decir que recuerdo el primero,
el que aparecía tras el cristal de un Renault azul
y seis horas atravesando la meseta. Es posible,
más que posible, que recuerde el último que ví,
el que aguardaba quieto el dolor de todas las tormentas,
y que en mi pensamiento requiera el protagonismo,
sin permiso, el agua fría del verano de los quince años
o la arena mojada de cualquier invierno
en el que nos aguardaba un coche aparcado tras las dunas.
De todo lo leído sobre el mar me reservo
para esta soledad El viejo y el mar y algún
que otro verso de algún amigo que evocó el horizonte
en un piso de Alcobendas o en un café de París.
Y de lo evocado, sin duda, Serrat canta
en este silencio desde el que escribo.
De todo lo que le debo al mar vivo con el miedo
de ser la persona tras la cámara de fotos,
el sujeto que llora sobre las rocas y detesta el olor
cansado de los puertos. También el que busca
espejos rotos delimitando todos los límites.
Del mar quise ser fotografía, retrato y verso,
destello de libertad y finitud de las almas,
y me tuve que conformar con ser su naúfrago.
1 comentario:
Como buen marinero amas el mar, aunque seas marinero en Marte, tal vez también lo seas un poquito en la tierra. Un beso.
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