13 septiembre 2016

Crueldad de poeta

A Luis Eduardo Aute.

Sigues dormido vencido
por el intenso cansancio
del viajero que una vez
-más- rebasó la frontera
que separa la razón
del azar de un sentimiento.

Sigues dormido al amparo
de una tormenta de nieve
sin boca bebiendo bajo
una palmera de lluvia
conectando pulsaciones
a un intento de sonrisa
y sufriendo impertinencias.

Sigues dormido y declaras
que hay un sol con una luz
de un tamaño intermitente
alimentando la sed
de un silencio incontrolado.

Sigues dormido y estableces
que tras tus labios cerrados
conviven -en guerra y paz-
el fuego de tus recuerdos
y la necedad de nuestros
más irreductibles sueños.

Sigues dormido y nos dices,
sin saberlo, que en tus párpados
-que antes fueron de cristal-
se esconden delirios, lienzos,
bocetos, miedos y un grito,
y que en tus manos dispuestas
nace y muere un animal
de mil cabezas y un solo
                                      corazón.

Sigues dormido queriendo
decidir cuál puede ser
el instante del momento
preciso del tiempo exacto
en el que lento se clave
el puñal de tu pupila
en los devaneos que
te rodean sin pudor.

Sigues dormido soñando
con una respiración
hecha de puntos y comas
que olvide en tu biografía
a la tormenta de nieve
a la palmera de lluvia
y a la luz intermitente
de un sol que no tiene un cielo
ansioso y agradecido.

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