A mi abuelo.
Hoy he vuelto a recorrer los confines
de la memoria y las calles donde
el paisaje de otro tiempo le planta
cara a la comodidad de chalets,
despreocupados en jardín y estilo,
y autos violentos de dieciséis válvulas
camino a un supermercado con cines,
herbolarios, comercios y texturas,
intentan negociar la paz de padres,
sedientos de oficinas, y muchachos,
locos por un colegio, que vocean
la palabra libertad sin un rumbo.
Hoy he intentando vivir en silencio,
ajeno a ruidos, palabras, retazos
proyectándose en mi piel,
amenazas, resquicios de enemigos,
llamadas con prefijo, discusiones,
tormentas de postales con el sello
maltrecho del afán de la salud.
Hoy he vuelto a pronunciar todo nombre
que desquicia a las vocales que tienen
ausencia y desvarío en común.
Hoy he vuelto a inventar un universo
con su cielo y sus planetas, con tu hambre
del ayer, con el miedo y la injusticia,
y la triste sintonía de radio
que siento como el perfecto pretérito
del horizonte que te roba el nombre.
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