Se han roto las multitudes
de la calle en este instante
donde descansan tus ojos
entre el rojo de semáforos
y la pausa en el paseo
de unas caderas elásticas.
Ella querría a su casa
llegar en un autobús
o en el polvo del corcel
de los malditos horarios,
y él sin rumbo prematuro
visualiza la verdad
de un cuerpo de veinte años.
Ella sigue su camino
y él estaciona de nuevo
esta vida en el lugar
donde eyacula el deseo.
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