07 enero 2015

Noche de cita


Hay un peligro de incendio esta noche 
en el asiento trasero de un coche, 
se quema una pareja en el tercero, 
no seré yo quien llame a los bomberos. 

<>, Joaquín Sabina.


Cuando hoy suene mi teléfono y alguien
deje escapar de su boca una bandada libre
de palabras al cielo de esta tarde,
recuperaré con delicadeza las nubes:
la patria que es crisol de soledades.

Cuando el agua brotando de la fuente,
esa que inunda todas las mañanas
las esclusas con pestañas, aduana del sueño,
dibuje con mis manos los sudores futuros
sobre el cuerpo inmaculado sabré
de las mentiras que vistan mis miedos
en esta noche, tu noche, mi noche,
quizá nuestra noche, que, también quizá, será
el amasijo perfecto en el que los bomberos,
esos brigadistas del desastre que supone
la realidad no deseada, encuentren
nuestros cuerpos entrelazados y fusionados.
Cuando por la mañana las sirenas se alejen
del final de un trayecto que en la noche, tu noche,
mi noche, indudablemente ya nuestra noche,
ha sido recorrido por un taxi
embajada del deseo y por unas
manos, mis manos, que buscaban bajo tu falda
la puerta de mi casa y las luces de tu sexo,
quedará en el amasijo de cuerpos
las cenizas de los ecos de un fuego
ardiendo en la lengua del vecindario.
Cuando la estela de mi ausencia vague por ti
el silencio será protagonista, de nuevo,
en mi teléfono. Entonces sabré del cielo,
del lenguaje de tus suspiros, de las bandadas
de pájaros en mi cabeza y nubes
con forma de corazón me dirań
que tu cuerpo es el país imposible
y que mi patria es la tarde llena de nostalgia.

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