Tú que guardas en la piel los pecados
de tantas manos hambrientas de antojos
tú que estás en los sueños de los ojos
de esos hombres de gritos consumados.
Tú que has dormido fría en los estrados
de tantas camas vacías de arrojos
tú que abriste la boca y tus cerrojos
al mojado fusil de mil soldados.
Tú que eres sombra de mil avenidas
guardas las luces tras todos tus pasos
maquillando en silencio tus heridas.
Tú que sueles mentir en los sudores
conoces la verdad de tus fracasos:
oler capullos arrancando flores.
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