Doy mil vueltas sobre mi mismo.
Miro el trasiego de la gente que va y viene.
La armonía perfectamente imperfecta del tráfico.
Fumo un cigarrillo tras otro.
Mis dedos amarillos tiritan de frío y miedo.
Me he dejado la chaqueta arriba, pero no volveré a por ella.
Allí dentro no me dejan fumar.
Si ellos, y sus estúpidas normas, quieren que muera de frío, pues así será.
De repente la veo caminar hacia mi.
Su mirada lo dice todo.
Apago el cigarrillo con rabia entre mis dedos.
Ella ya llegó hasta mí.
Dos palabras.
Me derrumbo.
Él nunca volverá.
2 comentarios:
fumar arruina la salud.
Buen poema
el 16 de abril dejé el tabaco, me levanté una mañana y después de más de 15 años dije: "se acabó" y es cierto, se acabó, ya no me domina, ahora mando yo.
Un beso
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