La física y la lógica son amantes con amnesia en estos tiempos. Te prometen demasiado, te hacen disfrutar, pero cuando llega la mañana desaparecen de tu alcoba. Rara vez vuelven a telefonearte.
A veces el calor te da frío, y un cubito de hielo sobre la piel te provoca quemaduras más graves que el fuego abrasador que escupe un dragón por la boca.
Muchas mañanas el sonido estridente del despertador no te despierta, aunque te levantes, sino que te sume en un sueño. En el sueño de pensar que por levantarte e ir al trabajo algún día tendrás una vida mejor. Es un sueño sin legañas ni bostezos.
Las señales de tráfico indican que esta calle es de un único sentido, pero si vas andando por ella, mirando a la cara a la gente que pasa, sentirás que no tiene sentido, o que quizá tiene varios sentidos.
Abrirás el frigorífico y verás que está vacío. Quizá esté lleno de aire, o quizá, como esos labios carnosos de mujeres que nunca han sonreído, sólo necesita que lo abras y dejes que la luz amarilla te ciegue por un instante.
Y todo el mundo dice que las flores del balcón se marchitan si no las riegas, pero nadie nunca dijo nada acerca de si las fotos de tu infancia se marchitan, o se pudren, si no las miras de vez en cuando.
La física y la lógica son amantes con amnesia. Me dirás que todo tiene pies y cabeza en esta vida, y yo quizá te diga que a ratos, por suerte sólo a ratos, vivo como una serpiente decapitada que repta por el suelo. Y dentro de unos años le robaré la frase al poeta y te diré que “como la luz de un sueño que no raya en el mundo pero existe así he vivido yo”.
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