Eran ya varios años los que llevaba desgastando sus huesos por esta ciudad. Le ahogaba la rutina, el estrés, los atascos, el humo de ese cielo cada vez más gris y cada vez menos cielo. Madrid era una ciudad insufrible pero insustituible como decía el poeta, y él así lo sentía cada día.
Cada tarde se sentaba en aquel banco del parque y se quedaba ensimismado viendo el pasar de los coches por la M-30. Si algo le mantenía vivo eran esos minutos diarios que él miraba aquella carretera y creía ver el mar. El negro asfalto era el agua al anochecer, y las luces de los coches eran el reflejo de los rayos de la Luna sobre las olas. Si pasaba una moto, él confundía el estruendo del motor con la bocina de un barco que arribaba, tan cargado de peces como de marineros deseosos de abrazar a las mujeres que les esperaban, impacientes, en el puerto. El era feliz con esa visión, con esa imaginación, con esa diferencia entre lo que veía su pupila y lo que recibía su retina.
Pero un día de Agosto sus sueños se convirtieron en un humo blanquecino que le cegaba los ojos y le irritaba el alma. Junto a él, en aquel banco, estaba una mujer que también miraba fijamente el mar. No había ninguna duda, era una sirena que estaba secando su piel del salitre. No hablaron demasiado, tan sólo intercambiaron las palabras necesarias para compartir un Lucky Strike, para dejarse con las ganas de saber el uno el nombre del otro, y viceversa. La tarde siguiente él estaba de nuevo en su banco, en su parque, en su felicidad, esperando a que ella apareciera. Pero no apareció ni esa noche, ni la siguiente, ni nunca más.
Habían pasado más de dos meses y el frío había llegado a Madrid. Estaba claro que ella había emigrado a aguas más cálidas. Así que él, una noche como cualquier otra, convencido de que el amor sólo lo merecen los que arriesgan, se lanzó desde lo alto del puente de Ventas al mar de la M-30. Cuando saltó estaba seguro de que iría a buscarla. Lo que no recordaba es que nunca había aprendido a nadar porque había gastado su infancia aprendiendo a soñar.
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