Tras mis silencios están tus latidos,
el eco repetido de los vientos,
la luz que pones a mis pensamientos
el deterioro en mis cinco sentidos.
Sobre la triste nada del fluido
tu cuerpo sujetando los momentos
donde se posa mi fugaz aliento
la pretérita verdad del vestido.
Entre mis sordos gritos inocentes
la intrépida pulcritud de tu espalda
la verdad consumida por tus ojos.
Contra la silenciosa, indecente
y anunciadad despedida tu falda
cruzando los semáforos en rojo.
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