dulces y tiernas son tus blancas carnes
cuando la noche cómplice nos colma
y tu silueta se dibuja en sombras
en una pista vertical de baile
quizá te hubiera pintado Velazquez
si en otra época tu luz misteriosa
hubiera sido objeto del idioma
y de las nobles vergüenzas del antes
quiero recrearme en tu figura vana
cuando en mis manos explota tu frágil
susurro de muchacha acobardada
sé piel para este marinero rancio
que su bandera desvirtúa el mástil
de una pintura que duerme en el Prado
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