Hoy he soñado un sueño sencillo. Una calle
cualquiera de mi barrio, unas gafas de sol,
unos labios dispuestos, mi mano recorriendo
la ausencia de unos pasos, una sonrisa leve,
el recuerdo del mar
resbalándose en el interior
de dos vasos vacíos. De pronto la palabra,
la inexacta distancia entre amor y deseo,
un semáforo en rojo, carmín pintando nubes,
volver a abrir de nuevo las ventanas... sentir
el resquicio del tiempo: vivir con todo y nada.
Ahora en mi pesadilla cotidiana
obedezco a las horas, no camino las calles,
y mis labios están dispuestos para
guardar silencio y con disciplina
conseguir el dinero que pueda financiar
la avaricia de los sueños complejos.
Ojalá pueda mañana vivir
de nuevo el sueño de un sueño sencillo.
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