asustado he cerrado el horizonte
y he buscado la explicación en libros
de poesía, en los manuscritos
que escribieron las manos impolutas y tristes
de aquellos hombres llenos de inquietudes,
he intentado adivinar en fascículos
con teorías marxistas y fotos
de guerrilleros pobres con mirada valiente
la inexplicable razón de mis ojos.
He visto al tigre corriendo sin pausa
por la avenida esquivando los coches
asustando a las parejas de novios
y dejándose acariciar por niños
que son los únicos que no le temen
al futuro ni a la desdicha cruel
de los discursos vacíos de letras.
He visto al tigre llorar sin consuelo
ante la impávida risa de guardias
que confundieron su bravura con
el algodón inexperto de un gato.
He visto al tigre agachar la cabeza
cuando un reloj provocó la estampida
de la gente sin nombre pero con apellidos
porque en esa desventura pactada
el tigre hubiera querido ser el rostro
de una anarquía en rumbos y destinos.
He vuelto a conceder al horizonte
el lugar preferente detrás de mi ventana
he llorado una vez más por el mundo
y sin más preámbulos he decidido
que el tigre no era más que mi sueño último.
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