Vuelvo a la ciudad de los relojes
y de los espejos que soñaron ser retratos,
y nada más bajar del tren
encuentro vacío el nido
de los recuerdos que separa
el cielo de los tejados.
Con una maleta repleta de vivencias sucias
busco un taxi libre y un suspiro
que poder arrebatarle a este mes de septiembre.
La casa guarda la penumbra y el olor
que desprende el silencio consumido.
En el buzón encuentro facturas,
ofertas pasadas y un papel arrugado
con la firma del vecino que paga
su frustración de regresos con mi tiempo.
Abro las persianas y maldigo los balcones
que vuelven a colgar el cartel que dice:
"se alquila por quincenas".
Fumo sentado en la cocina y ordeno
la agenda y la nieve de mis brazos.
Quisiera volver a ese lugar donde
las carreteras son exceso y sonrisa.
En el armario cuelgo la ropa y busco
el sudario que en junio usaba para vencer
al despertador y a los salarios.
Mañana iré al mercado y compraré
huevos, embutido, carne y leche
para poder vivir
otro año más
muerto de hambre.
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