A Pedro Sánchez,
señor del puño y de las rosas
(que se convirtió en el señor)
de los puñetazos y de las espinas.
Primero te vestías con la piel del cordero
que dabas por vendido sin haberlo cuidado
sin haberlo siquiera dejado en el prado
comiendo un día solo balando sin esmero.
Luego te probarías la voz del compañero
más feroz, del lobezno ruin y maquillado
que de otras lindes vino tan guapo y educado
pero era un asesino de la paz del granjero.
Más tarde reprimías a aquellos que otras veces
con gusto aludarías con bellas palabritas
vacías y lisonjas del pacto deseado.
Ahora haces un eslogan, memoria de los peces,
sufres tremenda amnesia y dices santa rita
no estoy pa' que me quiten lo que yo nunca he dado.
Tenías tanto miedo a que viniera el lobo
que ahora huyes solo por ser tan torpe y bobo.
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