A mi padre.
¿Quién establece las tercas medidas
del traje del amor si aún me siento
desnudo cuando me pruebo tus viejas
americanas de pana y botones
de un pasado?. Quizá me falten hombros
como los tuyos que sujetan recios
el peso de la vida: de una historia
escrita en cuatro hijos, en una madre,
compañera vital, que ha sostenido
tras la sonrisa las preocupaciones
que ahora tiñen de blanco tus cabellos.
Quizá me falta percha o experiencia,
quizá los años que son la frontera
entre tu patria del ochenta y tres
y mi sueño naciente de este julio
del dos mil dieciséis. Quizá nos sobra
silencio porque siempre grande ha sido
la herencia castellana de no hablar.
Quizá en alguno de esos tus disfraces
de oficinista encuentres el reloj
parado de mi infancia. Quizá sea
posible darnos cuenta que aquel tiempo
del que hablamos en pretérito sólo
es el ensayo de nuestro futuro.
Quizá un día consigamos saber
que nos separan los años, las tallas,
esas ideas, tan rancias las mías
como las tuyas, la necesidad
de tu tiempo, la soberbia del mío,
tu educación de la posguerra contra
ésta mi educación de post,,,pre,,, ¡nada!
Quizá un día podamos cercionarnos
que nos une además de un apellido
y de una sangre que creemos nuestra,
el deambular de los años, el gris
retrato tuyo que crece en mi cara,
los consejos que repito, las sabias
palabras que continuamente robo
de tu boca, el amor, por supuesto,
y esta alegría por vivir la vida
con valores y sentimiento humano.
Quizá un día renombraremos juntos
esa distancia que une y no separa.
¿Quién establece las tercas medidas
del traje del amor? ¿Quién vestirá
al caprichoso viento del azar?
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