11 agosto 2015

Días de agosto

No sabemos dónde acabará la carretera
si la miramos desnudos bajo la luna
mecidos en la complicidad de las mareas.
Es dificil saber si ajenos trayectos
nos observan, amor, en este nuestro viaje
susurrar los besos
en el silencio de nuestra piel
o si unos ojos extranjeros como un ave
sobrevuelan esta fe que tenemos en los cuerpos.

Creo adivinar el gris de tantos años serpentear
entre los secretos perpetuos de la costa.
Pienso en guardar otro mapa, quizá
también otra luz, esta fotografía,
cuando un relámpago fugaz como un viernes
atraviesa nuestras preguntas
y nos recuerda que guardábamos la vergüenza
bajo un abrazo de silencio.
Alguien vuelve a gritar asfalto
en el lugar donde se posan
los últimos destellos del día
y tú me hablas del manantial de los oceanos.

Mientras el sol consume la tarde con su fósforo cansado
nos consumimos también nosotros
con tus uñas y mi espalda, con tus párpados
y el horizonte recortado en tu figura
otra patria.
Nos invaden nuestras manos, ahora
que olvidamos los ojos, y en la risa descubierta
o en la felicidad pactada desmentimos
tantas huellas y tanto mirar atrás
para declararnos sucios pero eternos.

Y la carretera, que se decide a llegar a su fin,
nos ofrece en su oscura propuesta la búsqueda
de los pueblos, la compañía de los ecos,
la reunión de los colores, las verbenas
que roncan en el paisaje de la noche.
Beberemos nuestras soledades, amor,
y sabremos que en el discurso de otro día
otra carretera,
que también serpentee por el límite de la tierra,
nos observará despedirnos para siempre
de este amor que suspira
en los días de agosto.

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