Hace un año también era verano aunque la sombra era
frescor y no frío, y el sol un candil al que acercarse sin temor a quemarse los
miedos. Los días eran arena, toalla, mar y cerveza; y mientras yo leía a
Claudio Rodríguez, tu dejabas que el sol se posara sobre el cielo de tu
espalda. Reíamos, mojando nuestros pies en la orilla, con la mirada buscando
la costa africana en la línea del infinito. Y mis manos descubriendo el mapa,
horizonte, continente, que escondía tu bikini. El coche nos daba tregua y silencios,
mientras la carretera se consumía en el salpicadero como un bostezo se consume
en la hélice de dos cuerpos abrazados en el paraíso de una cama. Paseamos las
noches, olvidamos las mañanas sobre la almohada, y las tardes las hicimos
patria. Dudo que el recuerdo se borre por mucho que suba la marea.
Hoy, que también es verano, intento adivinar la utilidad
de la sombra si el Sol se declara en huelga. Leo a Claudio Rodríguez y busco
tu claridad en la más incierta oscura soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario