Vente esta
noche a cenar que estoy cocinando un atardecer
como aquel
que clavamos en el pecho. Te espero con las ganas
de volver a
agarrarte de las solapas, y mirar en lo obsceno de tus
pupilas
para verme reflejado. Observa que bonita es la esquina
del tiempo
en la que nos sentamos para pringarnos las manos
con
palabras sin sentido. Deja que te peine el pelo, y olvida
el azufre
de mis errores. Respira en la línea del horizonte.
Y si
quieres ahógate en la certeza de que ninguna
cercanía es
lejana. Camina siempre erguido, la cabeza
alta,
viento en las huellas que nunca dejaron las suelas
de tus
zapatos. Luz de luna es la sombra de tu recuerdo.
Vente esta
noche a cenar, pero no tardes, que me quema
este poema
entre los dedos. Maldigo los sentimientos
que nunca
supe dejar explotar en la flor de mis labios.
Vente a mi
casa y siéntate a mi lado, ya verás como al final
acabamos
tumbados en el colchón de la visco-elástica AMISTAD.
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