22 marzo 2012

21 de marzo

Ayer fue tu día y no te felicité. Y no es porque no me acordara, ya que en estos tiempos de nuevas tecnologías, uno tiene muchas facilidades para acordarse de ciertas fechas señaladas: pitidos estridentes, mensajes horribles, luces, colores, explosiones…. y otras cientos de maneras que han  inventado para paliar los defectos de nuestras malas memorias. Y, como tú y yo sabemos, aparte de estas armas contra la amnesia, también hay soles anaranjados que resbalan por el piso de un cielo de baldosas, hay rachas de viento que hacen bailar a las banderas que arrancan las sonrisas de las caras del agua, hay música en el silencio de las conversaciones de los árboles, hay dudas de ceniza, hay fuego en las preguntas…. y hay tardes en las que no pasa nada.
Si bien recuerdas fue una de esas tardes, de las que no pasa nada, cuando nos conocimos. Desde entonces hemos vivido muy cerca el uno del otro. Hemos frecuentado los mismos lugares, los mismos rincones oscuros, los mismos domicilios trashumantes. Hemos mirado al mismo mar, ese que ruge al romper sus olas contra el acantilado para luego, un segundo después, llora sal mientras desnuda las rocas. Hemos besado a las mismas personas, tú en una mejilla y yo en la otra. Hemos bebido las mismas copas vacías y comprado las mismas botellas, las mismas ilusiones, las mismas mentiras. Hemos escrito en el mismo papel vacío, y con la misma tinta de azufre y desventuras. Hemos sido dos caras en un solo rostro desfigurado. Me has hecho quien soy y a la vez me has sido destruyendo poco a poco.
Bien sabes que sigo enganchado a ti. Que aunque a veces seas brisa, cuando te vuelves huracán me atraviesas la tráquea. Bien lo sabes.

Feliz día. Feliz 21 de marzo.

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