08 diciembre 2010

Jaime e Ingrid


Abrir la ventana para respirar el humo. Intentar distinguir los colores puede que sea la única razón para seguir vivo. Y hay gente que aprecia un silencio provocado (no digo incómodo, sólo digo provocado) o que sueña con dinero mientras cuatro golondrinas, en la pantalla del televisor, pelean por el último pedazo de carnívoro que yace muerto en la Gran Vía. Oscuro y receloso se sumerge un hipopótamo en las aguas de moqueta azul de la biblioteca municipal, y la luz, caprichosamente perfecta, se posa en los cristales de los coches. Hay árboles, lápices, cápsulas que alivian el dolor de estómago. Hay versos, perejil, libretas que avivan el ardor de la piel. Sara ha escrito en el tronco de un árbol el nombre de Javier. Sara no sabe que Javier se llama Jaime. Ingrid recuerda el último beso con Jaime mientras canturrea una canción de Tom Waits. Hay gente demasiado joven para un cierto tipo de música. Pero da igual, otro día más ha pasado y sigo sin ver el mar. Lo imagino color plata con las esquinas perfectas, redondeadas, para que ningún bañista se haga daño si llega hasta el límite. A veces Sara está triste. Jaime decide llamar a Ingrid. Cerrar la ventana para olvidar el humo.

1 comentario:

María dijo...

Grandes frases entre sus nombres: me gusta.