Cuando me quise dar cuenta él ya no estaba, y nadie te enviaba cartas de amor, aunque su casa tan sólo quedaba a dos metros de un buzón de pimienta y de metal. Cuando me quise dar cuenta tú tosías bajo una lluvia de cristal, y él, el otro él, ya no tosía, ni bostezaba, ni arañaba con sus uñas en la pared. Cuando me quise dar cuenta, hacía ya mucho tiempo que nadie me contaba historias de nieve que cubría la sierra y el campanario de la iglesia. Cuando me quise dar cuenta el arrepentimiento arrugaba tu frente, y mis palabras eran de azúcar y miel en noches de Agosto. Cuando me quise dar cuenta yo estaba sólo, sentado en una cama de alquitrán, imaginando olas en un mar de latón que se extendía frente a mi ventana marrón. Aquella noche, ella, al igual que yo, buscábamos una mirada de adiós, y nos chocamos de bruces con un hasta luego tan estúpido como eterno.
2 comentarios:
escrita con "la mirada del adios" de Ariel Rot sonando de fondo en mi cabeza
HOLA QUÉ TAL. Me Cuenco que me ENCANTA. Mucho.
Me encantan nuestras bandas sonoras mentales :)
Un besaco Gon, y feliz año nuevo!
Publicar un comentario