
Suspendí religión y aprobé con notable todas las demás. Ya estaba en el instituto, en el primer curso del bachillerato, y ahí fue la última vez que lo hiciste. La primera, la recuerdo perfectamente, fué cuando rompí de una pedrada el cristal de la cocina de Jacinta, la vecina del piso quinto derecha. Estabas tan enfadada que ni tan siquiera me dejaste explicar que yo no quería, que lo que realmente deseaba, era hacer añicos la ventana que estaba más a la derecha, la de la terraza de ese señor con bigote y camisa azul. De mi hucha salieron las setecientas pesetas para pagar el destrozo, y de tu boca las palabras malditas.
Recuerdo la cara de Martita, la chica guapa de la clase, cuando me agaché y miré debajo de su falda. No era más que un mocoso de seis años de edad, pero parece que fué ayer, porque tengo perfectamente grabada en mi memoria la cara que tú pusiste, cuando la maestra te contó sobre mi curiosidad saciada en aquel recreo. Fue la misma mueca que tenía tu rostro cuando ese día lo hiciste por segunda vez.
A partir de entonces fueron docenas, cientos, quizá miles de veces que lo volviste a hacer. Las razones y los motivos siempre eran variados y dispares: peleas con otros niños, palabrotas y eructos, deberes sin hacer, preguntarle a la abuela si se estaba dejando crecer el bigote como el abuelo, dedos que hurgaban en la nariz, zapatos rotos por jugar al futbol en el patio, y así, un largo etcétera de situaciones, que podría contar ahora mismo, en las que te vi volver a hacerlo.
Llegó un día en el que tu pequeño había crecido y ya tenía más bigote que la abuela. Fumaba a escondidas en las vías del tren y bebía colonia en bares del centro. Ya no era aquel crío de entonces, pero te daba igual, porque tú seguías, una y otra vez, siempre con lo mismo.
Se acabó. Hoy llegó el momento de plantarse. Son siete euros con cincuenta céntimos lo que me gasto en este restaurante todos los días. Mi precario sueldo no está para hacer excesos, pero éste me lo merezco. Lo siento Mamá, sinceramente espero que me perdones, pero créeme, hoy nadie me va a castigar sin Flan para el postre. Igual hasta repito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario