Me gusta la sonrisa de mi gato
las mañanas en las que me mira
encogido y audaz
desde el pasillo.
Son amaneceres con la puerta
de mi cuarto abierta
y la luz del baño encendida.
Él me mira.
Yo le miro.
Él sonríe.
Yo sonrio.
Yo sonrio
y cuento las manchas de tu rimel
sobre mi almohada.
El agua deja de caer
y al igual que el sol hace unos minutos
apareces ante mis ojos.
Te tumbas.
Me abrazas.
Te dejas besar
cada pliege de tu espalda.
Y mientras el gato
encogido y audaz
ya no sabe hacia donde mirar.
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