08 febrero 2009

El amor suele ser difícil (6)

Un nuevo amor de Fabián llegó gracias a una de esas páginas web de citas, que tan de moda se habían puesto ultimamente.
Él siempre juró y perjuró, que ese rollo no iba con él, que no se metería jamás en una de esas webs "para desesperados" como las llamaba él. Pero no se sabe bien si por tédio o por curiosidad, pero Fabián se encontró un lluvioso viernes de Enero introduciendo sus datos en una de esas webs.
En el apartado "estado" puso Soltero, y en el apartado "busco" puso Amistad, aunque si es por él habría puesto amor, o relación estable para toda la vida o en su defecto sexo desenfrenado de tardes de domingo.... pero ninguna de esas opciones estaban disponibles en el menú.
Según terminó de rellenar aquel formulario con sus datos, en su bandeja de correo electrónico entró un nuevo e-mail. El título: "Marlen32 quiere conocerle".
Fabián no cabía en su asombro, en sólo unos minutos ya tenía una mujer que quería conocerle. Así que, ni corto ni perezoso, le respondió al mail contándole un poco sobre él y con medias preguntas que intentaban adivinar todo sobre ella.
Se pasó aquella noche cambiándose mensajes con Marlen32, que realmente se llamaba Josefina pero había adoptado el apodo en cuanto era una gran admiradora de Marilyn Monroe. Fueron hablando de sus infancias, de sus adolescencias, de sus trabajos actuales, de sus gustos musicales, de sus libros y películas favoritas, de sus dolores físicos y sentimentales, de sus sueños, en definitiva: de sus vidas.
Pasaron las horas, los días, las semanas, y los mensajes de buzón a buzón, y poco a poco Fabián se daba cuenta que se estaba enamorando de aquella mujer. Que coincidían en demasiadas cosas y que apenas en semanas de conversaciones cibernéticas no habían encontrado ni un solo momento de desacuerdo.
Fabián no aguantaba más, necesitaba conocer a esa mujer en persona y así de esta forma, enamorarse locamente de ella o por el contrario, darse cuenta del engaño de la red, de como las personas no son en realidad como nos las imaginamos cuando las conocemos por Internet. Asi que en uno de esos mails que se enviaban, Fabián le presentó la posibilidad de verse en persona, dejó claro que a él le daba igual el día, la hora y el lugar.
Pasaron dos días y Fabián no había recibido respuesta, por lo que pensaba que su osadía había finiquitado aquella relación. Pero al fin llegó su respuesta, dijo que había estado de viaje de trabajo en los últimos dos días, y que ella también tenía ganas de conocerle en persona. Le propuso que se vieran ese mismo sábado en un bar del centro llamado La Boca del Lobo.
Llegó el día y Fabián, entre nervioso y expectante, se plantó una hora antes de lo acordado en el lugar de la cita. Era una tarde soleada de Febrero, Lavapiés lucía precioso con esa luz, y ahí se encontraba Fabián, en mitad de la calle Argumosa, con su bufanda y sus gafas de sol, fumando apoyado en la barra de aquel bar. Pasó aquella fatídica hora y llegó el momento en que ella debería aparecer por la puerta del bar. Pero no apareció. Pasaron una hora, dos y tres. Fabián fumaba angustiado, siempre le pasaban estas cosas a él, seguramente ella no habría acudido a la cita presa del pánico, presa del miedo a encontrarse con un loco que busca amor por Internet. No sabe bien como aguantó hasta llegar al coche, pero recuerda perfectamente la manera en la que rompió a llorar justo al sentarse al volante de su Seat.
Mientras, a unas calles de donde Fabián lloraba desconsolado, una mujer derramaba sus lágrimas en la barra de un bar de Huertas. Llevaba tres horas esperando a un hombre que había conocido por Internet pero que no había acudido a la cita. Llevaba tres horas mirando fijamente la puerta de aquel bar, La Boca del Lobo, pero no había entrado nadie más que parejas de enamorados buscando una mesa en al oscuridad en la que pasar la tarde.
Ninguno de los dos volvió a contactar con el otro. Ambos pensaban que la otra persona no había acudido a la cita, y ambos, cada uno por su parte, se sentían tristes y sólos con el pavor de saber que nunca encontrarían a su media naranja, que nunca encontrarían el amor. Lo que ninguno de los dos sabía es que el otro había acudido a la cita, al igual que ninguno de los dos sabía que hay dos bares llamados La Boca del Lobo en el centro de Madrid.
El amor suele ser dificil cuando hay dos bares con el mismo nombre en la misma ciudad.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Tengo que decir lo que pienso, o vamos a quedar algún día de este año y me lo cuentas tú??
Of course, vamos a La boca del Lobo!!

Marinero en Marte dijo...

en tu casa o en la mía?

;-)

Unknown dijo...

Me da igual...Están a la misma distancia la una de la otra...
No me funciona el outlook :(