Y si al final del todo sólo me queda la arena de mis bolsillos y la luz de tu sonrisa... créanme: yo seré feliz. No persigo más felicidad que la que nadie conoce y la que todos buscan. La vida me golpeó el mentón tantas veces como las que él te golpeó a ti. Yo también caminé esas calles que caminan ellos, y tiemblo al ver en la pantalla el puente sobre la A-3 que une Vallecas con Moratalaz. Ese puente que, con el viento que corría por la autovía, tantos cigarrillos me apagó entre los dedos. Las mentiras maquillaron los sueños, y los sueños se vieron invadidos por el vértigo que supone caminar por el fino alambre de vidas incompletas. El tedio se llamaba riesgo, y el riesgo consistía en dejar huella en cada navío que zarpaba del puerto. Guardé en mis bolsillos la arena de la playa sobre la que te besé aquella primera vez. Ahora hurgo en busca de unas monedas y sólo encuentro esa arena... y soy feliz.
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