08 diciembre 2008

Malos humos (4)

Fue en el invierno del 2005. Me encantaba pasarme las noches soñando sin dormir. Me encendía un cigarrillo tras otro y miraba fijamente a la guitarra apoyada en un rincón. Soñaba con escribir bonitas canciones de amor, soñaba con ponerle acordes a aquellos poemas del poeta sevillano de Soria, soñaba con hacerle sombra a Carlos Puebla con nuevas composiciones llenas de aire revolucionario. Soñaba y fumaba. Soñaba con hacer discos exitosos, y llenar teatros de jóvenes que tararearan mis canciones.

Soñaba y soñaba. Fumaba y fumaba. Soñaba y fumaba.

A lo máximo que llegué fue a ponerle un MI y un LA menor a un texto de un amigo. Cuando lo quise cantar, me dí cuenta de que me parecía a Joaquín Sabina: era mejor fumador que cantante.

Ahí acabó mi sueño. Sigo fumando igual que entonces, pero ahora, la nicotina no adorna mis sueños, porque ya no les tengo.

La guitarra se la regalé un 6 de Enero a mi hermano. Los sueños se los regalé un 10 de Septiembre a una prostituta.

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