18 septiembre 2008

Maniaco depresivo

A veces bien, a veces mal. Te sientes eufórico y vas a comerte el mundo, pero en un segundo te duelen los huesos y las paredes te aplastan, y con una gasa y un poco de licor te limpias la sangre del último mordisco que la vida te dejó. El blanco del techo se tiñe de negro en noches de luna nueva. Se oye una voz en el patio y el humo del tabaco te pellizca los pulmones. No tienes ganas de nada. O de casi nada. Tampoco tienes ganas de tener ganas. De un segundo te entran las ganas y el tedio lo combates con un puñal de tinta verde. Pero de un manotazo ordenas los últimos versos escritos. Y en la estantería los discos compactos se esconden tras discos de Zitarrosa o de Gardel. El espejo te devuelve una caricatura de ti mismo, y las fotos de la pared un anagrama de la palabra “tristeza”. Tu cabeza gira demasiado deprisa y tu cuerpo gira demasiado despacio. Tus pies llenos de barro caminan por la calle de la euforia. La ropa se tiñe de negro y el pantalón del pijama está lleno de arrugas de tanto usarlo. Sonries y lloras. Vuelves a llorar. Y vuelves a llorar pero no a sonreír. Paroxetina no es nombre de tango y el Prozac le da un sabor especial al arroz. Te tumbas en la cama y la única manera de no tener pesadillas es quedarte dormido. Dormir para no soñar es la solución y el Nembrutal te da la razón. Maniaco depresivo. Mucho amor en los bolsillos.

2 comentarios:

Myriam Paulina dijo...

Mucho amor en los bolsillos... me encanta!!!!!

Susana dijo...

Lo has calcado. Un abrazo.