Aunque sea un triste republicano
entiendo de reinas y princesas
cada vez que veo el brillo de sus ojos
alumbrando mis amaneceres rojos
y cada vez que sus besos de cirujano
hacen de mi vida un zumo de frambuesa.
Ella cura las heridas y luxaciones
de huesos, de almas y corazones
con soplidos de neftalina y romero
y con algodon de las nubes del cielo.
Ella sueña con un caballo de carton
y grita al abrir la ventana del salon
que quiere escapar volando
de este cómo y de este hasta cuándo.
Ella provoca un esguince en mi aorta
cada vez que me abraza o me dice
vive hermano que la vida es corta
y no dejes que tus sueños se cristalicen.
Ella me mantiene jodidamente vivo
y sirva este poema de aperitivo
para decir felicidades guapa
(cada vez más joven y más anciana)
te quiero y te añoro hermana.
Aunque sea un aburrido ateo
creo en ángeles y sirenas
y con mis mejores deseos
te digo "feliz casi-treintena".
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